Al griego le encantaba el trato social, tanto en las fiestas públicas como en celebraciones privadas. Los cumpleaños podían por ejemplo, celebrarse todos los meses. El mayor placer de los hombres libres consistía en ser anfitriones. Amigos de sentimientos análogos se reunían para comer, para gozar del  vino e intercambiar opiniones sobre lo divino y lo humano. Cada cual traía su parte para el ágape; uno, harina de cebada; otro, quesos, higos, vino o carne de lechón.

Recreación del andrón de la villa de la Buena Suerte en Olinto

En un texto del siglo VI a.C. se describe el marco exterior de uno de estos banquetes:

“El suelo de la habitación ha sido limpiado, las manos están lavadas, las copas relumbran. Un esclavo entrega guirnaldas a los comensales, otro ofrece en una palangana agradable agua de olor. Ahora se levanta la copa, la fuente de la alegría. Rico, dulce y aromático está preparando el vino en el cántaro de barro; el incienso impregna el aire de exquisito olor. El agua es fresca, dulce y pura. Se reparten claros panes; sobre la mesa de la fiesta hay quesos y miel. El altar del centro está cubierto de flores. Toda la vivienda resuena con canciones y gritos de alegría. Ante todo los hombres sabios cantan a la divinidad con palabras piadosas y puras y mientras exponen la copa del sacrificio piden la gracia de la justicia. ¡Ea, amigos míos! Lo que es tanto como decir: Bebamos de forma tal que si la edad aún no ha quebrantado nuestras fuerzas podamos volver a casa sin la ayuda de un esclavo”.

Recreación de symposion

Los comensales comían en triclinios agrupados alrededor de la mesa, erguido el busto, de forma que pudieran verse y hablar unos con otros. Las esposas no tenían entradas, pero las hetairas, mujeres a las que sólo se invitaba para el entretenimiento, divertían tañendo la flauta o bailando y se cuidaban de los más bebidos. Lo mismo podía surgir una conversación elevadísima, como la que recoge Platón en su Banquete, que degenerar todo en un desenfrenado alborozo.

Friné ante el Areópago. 1861. Jean-Léon Gerôme

Los alegres encuentros con el festín para todos los sentidos sobrepasaban naturalmente a las reuniones serias para la elevación del alma. Sin embargo las había y su eficacia espiritual es bien perceptible. Sócrates sólo participaba en la conversación, en la que, astutamente, dirigía a los contertulios preguntas de las que iban derivándose conclusiones.

Bibliografía y Recursos Web
López Melero, R.: Así vivían en la Grecia antigua: un viaje a nuestro pasado. Anaya, Madrid, 2009.
Gómez Espelosín, J.: Introducción a la Grecia antigua. Alianza Editorial, Madrid, 2004.
The Oxford Classical Dictionary. Oxford, 2003.

Imágenes
http://www.sofiaoriginals.com/abri72mosaicosengreciaantigua.htm
http://recursos.cnice.mec.es/latingriego/Palladium/griego/esg145ca1.php
https://es.wikipedia.org/wiki/Frin%C3%A9

1 Comentario

  1. Los preparativos del simposio se llevaban a cabo cuidando hasta el último detalle, pues este tipo de celebración era un elemento de distinción y promoción social, hasta el punto de que los anfitriones de mejor posición rivalizaban entre si, tanto por el prestigio de sus invitados como por la calidad de las viandas.

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