El Incendio de Troya – Brueghel El Viejo

No se sabe dónde termina la historia y empieza la leyenda. La guerra de Troya está en un lugar intermedio entre ambas. La mayoría de los estudiosos admiten que hubo una guerra en Troya (es una parte de la tradición griega demasiado importante para ser pura fantasía), pero aun así, niegan que la narración de Homero tenga carácter histórico. Durante siglos, las historias de la Ilíada y la Odisea se transmitieron verbalmente de generación en generación, gracias a los bardos. Cada uno añadía color a la historia, añadiendo énfasis a ciertos personajes y sustituyendo algunos hechos por fantasía. Finalmente, en el siglo VIII a.C., los dos poemas adquirieron forma escrita. Probablemente Homero les dio su forma definitiva.

Héroes de la Guerra de Troya

En lo que a esta ciudad se refiere es imposible separar la verdad de la fantasía. La misma magnitud de la expedición, con más de 1.000 barcos y 50.000 hombres, es ya increíble. Un ejército así tendría grandes problemas para alimentarse. Aun si fuera posible, no habrían podido aguantar durante nueve años, acampados cerca de las marismas. Las infecciones habrían acabado con ellos mucho antes de que cayera Troya. Es mucho más probable que el asedio consistiera realmente en una serie de ataques, similares a los de los Pueblos del Mar, que pudieron producirse a lo largo de muchos años, afectando a la 6ª y a la 7ª ciudad.

Situación de Troya

Los habitantes debieron vivir en el constante temor de los ataques, que  forzaban a los campesinos a refugiarse en la ciudad. Esto lo confirman las chabolas construidas contra el lado interno del muro y los víveres enterrados que se han encontrado en Troya VII.

Troya VI

Al final, los griegos debieron decidir hacer un esfuerzo definitivo para tomar la ciudad. Esto se deduce de la retirada a la isla de Ténedos, de donde volvieron con equipo de asedio, como el caballo de Troya.

Recreación de ariete

Se han propuesto muchas explicaciones del “caballo de Troya”. La más plausible es que se trataba de un ariete. Es significativo que hubiera griegos en su interior y que fuera necesario demoler parte de la muralla para introducirlo en la ciudad. Los arietes se usaban en oriente medio desde el año 2000 a.C., por lo menos, aunque este conocimiento se perdió en el período oscuro que siguió a la caída de Micenas. El ariete no reapareció en Grecia hasta el siglo V a.C., pero siguió usándose en Asia occidental.

La base inclinada de la muralla de Troya tenía 4,5 m de grosor y 4 de altura. Estaba reforzada con tierra, y especialmente diseñada para resistir el asalto con arietes. Esto planteó un serio problema a los griegos, que tuvieron que construir una máquina especial. El nombre debe reflejar la forma que tenía la máquina. Debía tener una estructura que elevase el ariete a más de 4m, para poder atacar la parte superior de la muralla. Posiblemente se hizo mediante vigas que se asemejaban a patas, y de ahí que lo llamaran “caballo”. En la antigüedad era corriente poner este tipo de apodos a ciertos objetos. Los romanos llamaban a sus catapultas “escorpiones” y la misma palabra “ariete” es una alusión a la cabeza del carnero (aries).

Ariete romano

Algunos de los héroes pudieron ser figuras históricas. El retrato de Agamenón es tan desfavorable que tuvo que basarse en la realidad. También Néstor y Diomedes pudieron ser reales. Otros como Ayax, Héctor y Aquiles, debían proceder de una era diferente. Aquiles, con su cabello rubio y sus muestras de brutalidad que horrorizaban a sus propios amigos, no encaja. Parece pertenecer a otro lugar y a otra época.

Cuando Aquiles se pone su armadura, comprueba si permite el libre movimiento de sus miembros. Esto era esencial para alguien que llevara una armadura como la de Dendra, con sus grandes hombreras y placas pectorales.

Armadura de Dendra

Pero no sería necesario con una armadura de la época de Homero. Según la leyenda, a Aquiles sólo se le podía herir en el talón, y la única parte del cuerpo que la armadura de Dendra dejaba sin protección era la parte inferior de la pierna por detrás. ¿Es esto pura coincidencia, o son las huellas de una leyenda mucho más antigua que la de la guerra de Troya?

Ulises tiene un papel secundario en la Ilíada, y quizá su personaje se introdujera en la historia a posteriori. Es posible que se trate de un personaje de una época posterior o totalmente imaginario. Parece raro que no se haya encontrado ni rastro de su palacio en Ítaca, una isla pequeña de tan solo 22km de longitud, donde no hay muchos lugares apropiados para construir un palacio, donde se han realizado bastantes excavaciones.

Itaca

S. Benton suponía que los terremotos y la erosión debían haber destruido los cimientos. Sin embargo, en la ladera del monte Exogi hay restos de una antigua torre griega que ha aguantado durante dos mil años quinientos años. Si una construcción tan inestable como una torre ha sobrevivido tanto tiempo, debería quedar algo del palacio, si lo hubo.

Fuentes:

La Ilíada y la Odisea, Homero.

La Eneida, Virgilio.

La Leyenda de Ulises, Peter Conolly.

Los Mitos Griegos, Robert Graves.

2 Comentarios

  1. Acontecimientos como éste son los que hacen tan apasionante el estudio de la Historia, parece evidente que aún resta por conocer mucho más de lo que pensamos. Y que las mayores sorpresas, además, seguirán llegando de épocas en las que las fuentes escritas eran ínfimas o inexistentes. Buen post, lo comparto ya mismo.

  2. ¡Buen artículo!

    Por mi parte, siempre me ha intrigado saber cómo fue el sagrado “Paladión” que Troya custodiaba en el sancta sanctorum del templo de Atenea (diosa-yegua, sucesora del titán Palas, cuyo verdadero aspecto ocultaba su yelmo) y cuyo robo nocturno por Odiseo o Diomedes provocó mágicamente la caída de Troya en el mito homérico. La iconografía más antigua lo retrata como una pequeña estatua de la diosa (por ejemplo, http://mythologica.fr/grec/pic/diomede2.gif), pero Robert Graves (en “Los Mitos Griegos”) cuestiona esa imagen al recordar que cualquier representación de ese objeto mistérico estaba prohibida – las representaciones clásicas serían deliberadamente falsas o metafóricas, pues -; y en diversos lugares sugiere que el objeto original podría haber sido una imagen anicónica procedente del Neolítico, hecha o no con huesos de delfín o marfil de Narval.

    Sentada la duda, la hipótesis cuya veracidad me he persuadido no es la de Graves, sino la enunciada durante el Siglo de Oro español por Cervantes y Góngora, a saber, que el Paladión fue una estatuilla con forma de caballo, es decir, el antiguo caballo de Troya. «Si mal no me acuerdo -dice don Quijote, 41-, yo he leído en Virgilio aquello del Paladión de Troya, que fue un caballo de madera que los griegos presentaron a la diosa Palas, el cual iba preñado de caballeros armados que después fueron la total ruina de Troya; y así, será bien ver primero lo que Clavileño trae en su estómago». Y Góngora: «que en sus Paladiones, Amor ciego, sin romper muros, introduce fuego» (Polifemo). Con ésto, según dos de los literatos españoles más relevantes de todos los tiempos, en la versión más antigua del mito troyano, Odiseo y Diomedes no habrían robado sin las debidas consecuencias proféticas un Paladión diferente al vehículo de madera en cuyo interior los griegos acaban por invadir la ciudad, sino que el infortunio al que se habían hecho acreedores los troyanos por la pérdida del Paladión acaba por materializarse inopinadamente, cuando engañosamente abandonado por los griegos, la ciudad abre sus puertas para recuperarlo: el caballo de madera no era ningún caprichoso invento griego sino el propio Paladión robado.

    La veracidad de esta hipótesis cervantino-gongorina la apoya el argumento de que esta versión reconstruida de la guerra de Troya resulta muy superior a la versión homérica tradicional, dado que mientras aquí se recupera el sentido y la ubicación de las figuras mitológicas ya conocidas, en la versión homérica, estas mismas figuras (el Paladión y el Caballo de madera) aparecen como elementos poéticos arbitrarios, sin fundamento ni objetivo, que estropean la narración de los acontecimientos con detalles incoherentes, tales como el absurdo de la increíble ingenuidad troyana ante la aparente retirada griega, la milagrosa ocultación de tropas en el interior de una estatua de madera durante un día entero, la sorprendente concepción de una efigie equina, etcétera, etcétera.

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