Reorganizar el mapa de Europa.

Tras los desastres producidos por las guerras napoleónicas, los principales monarcas de Europa se reunieron en Viena las potencias vencedoras: Austria, Gran Bretaña, Prusia y Rusia, celebrándose un Congreso para intentar liquidar los problemas internacionales. Asistieron al Congreso los soberanos reinantes y representantes de Principados o Estados desposeídos que reclamaban la restitución de sus dominios.

Mapa de Europa en 1815
Mapa de Europa en 1815

Tras la derrota de Napoleón, los monarcas absolutos europeos buscaron regresar al absolutismo de la etapa anterior a la Revolución Francesa, lo que significó la supresión de las medidas sociales, políticas y económicas promulgadas por los ideales revolucionarios del siglo XVIII, sobre todo a los referentes a las constituciones y la soberanía nacional, para dar paso al poder ilimitado de los reyes, devolver a la nobleza y al clero sus privilegios, reconstruir el mapa de Europa que había sido desfigurado por Napoleón y con base en un sistema de seguridad conjunta y equilibrada que no permitiera más revoluciones ni intentos de cualquier país por lograr la hegemonía continental y replantear la vida internacional a base de congresos.

Metternich
Metternich

El Congreso se inauguró en octubre de 1814, y entre fiestas y recepciones duró hasta el 8 de junio de 1815, cuando se firmó el acta final. Además del zar Alejandro I de Rusia, los personajes más importantes fueron el canciller austriaco Metternich y el ministro de Asuntos Exteriores francés Talleyrand. El conjunto de estas medidas denominadas de Restauración, que afectó a la mayoría de los países europeos y cuyos principios fueron aprobados en el Congreso de Viena.

Restauración y la lucha entre liberales y monárquicos:

Entre 1814 y 1815, los representantes de las potencias europeas que habían vencido a Napoleón, pretendieron terminar con la situación creada por la Revolución francesa y el Imperio napoleónico, mediante la Restauración de los principios monárquicos del Antiguo Régimen, es decir, del absolutismo, donde los representantes de las potencia europeas que vencieron a Napoleón decidieron como ordenar el continente europeo.

Estos principios que trataron de implantar por la fuerza pero no lograron erradicar los ideales de la Revolución francesa ni frenar los cambios ocasionados por la Revolución Industrial, ya que habían arraigado en la población y forma de vida de gran parte de  Europa, sobre todo la burguesía que no aceptó la vuelta al Antiguo Régimen y  seguían manteniendo sus reivindicaciones liberales, basadas en el constitucionalismo y la soberanía nacional, en la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley, y en la división del Estado en tres poderes independientes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial.

La expulsión de los inquisidores por los liberales
La expulsión de los inquisidores por los liberales

El enfrentamiento de estas dos posturas, la monárquica y la liberal, la división geo-política de los Estados europeos y la imposición de gobernantes sobre distintos pueblos, ocasionó el resurgimiento de movimientos nacionalistas con tendencias independentistas o unificadoras y el auge del liberalismo con sus  tendencias moderada y democrática, llevó a Europa a una nueva etapa revolucionaria, la cual comenzó en 1820 y fue adquiriendo más fuerza en los movimientos de 1830 y 1848.

Las grandes potencias definieron en el ámbito de la teoría política los principios para definir el verdadero orden que debía prevalecer en Europa frente a los excesos y desviaciones producidas por la etapa revolucionaria de finales del siglo XVIII y principios del XIX.

Estos principios fueron:

Legitimidad: Sólo tenían derecho a estar en el poder aquellos a los que Dios había elegido por su herencia real, por lo que no importaba si el gobernante no fuera de la misma nacionalidad que sus súbditos. Esta legitimidad monárquica llevó de regreso al trono a las dinastías reinantes antes de 1789 especialmente a los Borbones en Francia.

Restauración de la monarquía con Luis XVIII
Restauración de la monarquía con Luis XVIII

Absolutismo: Al obtener el monarca su poder de Dios, no debía ser frenado por ninguna Constitución ni el principio de soberanía nacional.

Equilibrio: Fue un principio de inspiración británica que impedía la expansión de una potencia a costa de otros Estados, con la finalidad de evitar conflictos en Europa

Intervencionismo: Las potencias se comprometían a intervenir en aquellos territorios que, perteneciendo a otra potencia, surgieran movimientos populares que pusieran en peligro los otros principios señalados. Esto condujo a un sistema de alianzas y la realización de congresos.

La etapa de los Congresos
La etapa de los Congresos

Los Congresos: Fueron foros donde se discutieron las formas de resolver los conflictos internacionales y evitar el recurso de la guerra para resolver disputas entre naciones. Éste fue un principio que tuvo una enorme repercusión en la diplomacia internacional, con un tras fondo dentro de un ambiente frívolo en el que se desarrollaron intrigas políticas y de espionaje.

Los representantes de las pequeñas potencias solo conocieron esta faceta del Congreso, porque las decisiones importantes eran tomadas por exclusivamente por Gran Bretaña, Austria, Rusia y Prusia. Francia pudo influir gracias a la habilidad política de su representante Talleyrand.

Tallerlan
Talleyrland

El mapa continental europeo fue reconstruido como un gran rompecabezas que benefició particularmente a los países antinapoleónicos:

Austria y Rusia se configuraron como las grandes potencias continentales, al lado de Gran Bretaña que consolidó su expansión oceánica, y Prusia que, aun con su territorio dividido, aumentó su poder en la zona del mar Báltico y dentro de la Confederación Germánica recién formada.

El mapa geopolítico de 1815 fue la formación de una barrera para mantener el control de Francia y la creación de naciones artificiales mediante la unión de pueblos diferentes, como por ejemplo los belgas con Holanda, lo cual terminó drásticamente con sus expectativas nacionalistas.

Esta reorganización geopolítica provocó una serie de problemas que mantuvieron un clima de fuerte tensión en la vida de los europeos durante la mayor parte del siglo XIX, entre ellos:

Rivalidades cada vez más acentuadas entre las potencias, sometimiento de algunos pueblos como: Irlanda a Inglaterra, Bélgica a Holanda, Noruega a Suecia, y Polonia a Austria, Prusia y en su mayor parte a Rusia, sin tomar en cuenta sus intereses y características étnicas y culturales. Esta situación impulsó el desarrollo del sentimiento nacionalista.

División política de los territorios de los pueblos italiano y alemán, los cuales serían las semillas de los futuros movimientos nacionalistas con carácter de unificación.

El acta definitiva del Congreso fue acompañada de otros decretos como los que garantizaban la neutralidad de Suiza y la libre navegación de los ríos de Europa. Los aliados, establecieron el compromiso de reunirse periódicamente para decidir las medidas necesarias para mantener la paz europea, en caso de que las corrientes revolucionarias volvieran a alterar a Francia y amenazaran la paz de los demás Estados.

Reparto de Europa por los vencedores
Reparto de Europa por los vencedores

En conclusión, el Congreso de Viena fue la primera conferencia de paz moderna; un intento no sólo de resolver todas las cuestiones pendientes en el continente europeo, sino también de preservar la paz sobre una base permanente. Sus procedimientos fijaron la pauta de las futuras conferencias internacionales, que todavía en la actualidad se conservan como medio para establecer acuerdos entre las naciones.

Los monarcas se habían asustado ante el violento proceso que había amenazado su poder absoluto. La Revolución se había mostrado como un enemigo para todos ellos y las ideas e intereses sociales que la impulsaron seguían latentes. En consecuencia, mediante los acuerdos entre los Estados vencedores y las resoluciones del Congreso de Viena intentaron consolidar un orden basado en dos principios fundamentales: el equilibrio entre las principales potencias y la legitimidad como sustento común del orden interno e internacional. El primero era un principio práctico y comprensible: ninguna de las grandes potencias debía ser una amenaza para las otras. El segundo era más aleatorio y manipulable: las potencias reconocerían como legítimos a los gobiernos sobrevivientes del orden antiguo, constituidos por la herencia dinástica, a aquellos que no derivaran de un hecho revolucionario.

Bibliografía y recursos web:

Historia Contemporánea por Arte, Lucia Rivas Lara, Editorial Universitas, Madrid 2010.

Atlas Histórico y Geográfico Universitario, Blanca Azcárate Luxán, Editorial UNED, Madrid 2008.

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http://historiaybiografias.com/congreso_viena/http://apuntesdehistoriauniversal.blogspot.com.es/2013/09/la-restauracion-europea-y-el-congreso.html

 

 

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